Texto de la crítica de arte Amalina Bomnin publicado en la revista Artnexus

Revista #80 Mar - May 2011

Texto publicado en la revista Art Nexus 

Enero 2011

 

 

La muestra "Traf" de Roberto Noboa (Guayaquil, 1970) en dpm Gallery (18 de noviembre de 2010-10 de enero de 2011) constituyó un gesto desestabilizante y performático, reivindicador del carácter deconstructivo que puede ostentar la pintura. En manos de este artista, se torna desentumecida, chispeante, aleccionadora, respecto al tratamiento del género, los temas convocados, la sensación de extrañamiento que genera. Desde el propio enunciado del título, alusivo a las vitaminas usadas por los deportistas para inhibir el dolor, y que intervienen en la inmunorrespuesta del organismo, el autor intenta un juego perceptual que interpela nuestros niveles de información y las posibles lecturas generadas a partir de la propuesta. Por momentos parece tomarnos el pelo. Su comentario sobre el título (que me trae a la memoria la canción de Sabina Pastillas para no soñar), unido a la provocadora lectura que animan sus lienzos (porque el artista no es dado a ¿soltar prenda¿), convocan a una metáfora acerca de la laxitud y el desencanto de nuestros contextos latinoamericanos.​

Traf da pie a un extenso ensayo de sinuosos ángulos. Un amigo que conversaba con nosotros al otro día de la inauguración me ayudó a elegir la forma más expedita de resumir el ánimo del autor. Me convidó a ver La ciénaga, ópera prima de la cineasta argentina Lucrecia Martel (Mejor Opera Prima del Festival de Berlín 2001). En efecto, confirmé la lectura sobre el disloque de Noboa. Una trama densa, inconclusa y en suspense es el denominador común de los personajes del filme, quienes pasan el tiempo ociosos, sin propósito aparente. Una narración incómoda y cómplice (nos sentimos inmiscuidos en la historia) que nos convida en igual medida a seguir la ilación que a abandonarla, por su sopor contagioso.​
Roberto Noboa estudió en Estados Unidos (Maestría en Arte en la Universidad de Nueva York) y su conversación anuncia un ethos atípico. Sin embargo, caigo en la cuenta de que su obra no es refrendada como debiera. Para el artista que nos ocupa, sobrevivir, como lo puede entender el más común de los humanos, no ha sido un reto; sin embargo, establecerse como creador sí, precisamente porque se ha empleado en boicotear el entorno de frivolidad y abulia usuales en el medio donde se ha desenvuelto. Vive dentro de ese entorno, para bien o para mal, marcado por lo que ha sido su devenir como ser social y como artista. Ha logrado ¿salvarse¿ para él mismo (y en el arte), aunque los menos cercanos al medio puedan apreciarlo como el incomprendido. (Lo cual sería más bien un acierto). Si en sus primeras obras era recurrente la aparición de las canchas de tenis y sus jugadores, aquí también introduce mesas de pimpón, gente jugando golf1, por ser de los deportes preferidos de las clases acomodadas; o simplemente como síntoma de la displicencia respecto a ocuparse de lo verdaderamente relevante. Ahora vuelve a incluir las canchas, ya no con el protagonismo de los inicios. Pareciera que la urdimbre de la que forman parte se hiciera cada vez más compleja.​

 

Neoexpresionismo, mala pintura, dripping, conceptualismo, neovanguardia, son algunos de los lenguajes revisitados para conseguir involucrarnos en una languidez molestosa. En sus cartulinas y telas anidan situaciones absurdas, como las mesas de tenis en medio de la nada o colgadas del techo, una piscina dentro de una habitación interior, los cipreses, colgaderos que no sostienen pieza alguna, animales que pueden pastar en cualquier sitio, y en algunas ocasiones no son del todo reconocibles, emplazados por igual en perspectivas alteradas, planos superpuestos, atmósferas surrealistas, y a un mismo tiempo veladas; como diría un paciente neurótico: sí, pero¿ Creo que así podríamos resumir la tesis de la pintura de Noboa: neurosis descompensada. No es más que el diagnóstico de nuestras sociedades abocadas a un mal aprendizaje de sus historias, su pasado, incluido el desconocimiento de sus fortalezas y el complejo ante sus flaquezas. Mientras no se adquiera sentido crítico nuestras repúblicas pulularán en un callejón sin salida. Reconocerlo sería el primer paso que conduciría a la cura.​

Este statu quo el artista lo traduce en veladuras, transparencias, desdibujo, títulos que contribuyen a la sensación de estar en tierra de nadie, como Ellos estaban ahí, se habían escondido, Perros finos pero re-brutos, Se fueron dejaron todo con iluminación timer, Pensando en las oficinas de algodón, y que exacerban el desconcierto de permanecer asfixiados por las interrogantes. Apenas hay espacio para la figura humana. Los sets consisten en habitaciones o espacios exteriores donde todo parece concurrir en tiempo escenográfico bajo una densa calma, y se perciben signos alusivos a cierta solvencia económica: trofeos de caza, sofisticadas lámparas, amplios aposentos, extensos terrenos. Los textos que utiliza el artista dejan entrever continuos procesos migratorios, delegación de poderes, utopías, evasión de responsabilidades, síntomas todos devenidos en gravámenes al destino de un sujeto que ha llegado tarde a todas las citas. Noboa, no; para el arte, él ha llegado a tiempo.

Nota​
La cancha de tenis ha sido un elemento constante en la poética de Noboa, un pretexto para referirse a un mundo de frivolidad ajeno a la toma de decisiones oportunas en nuestras sociedades.



Amalina Bomnin